LA INICIACIÓN MASÓNICA 
Arte Constructivo (II)

Francisco Ariza


Los "centros sutiles" en los tres grados masónicos

Cada uno de los grados masónicos de aprendiz, compañero y maestro, posee sus propias palabras y gestos rituales, los cuales, aun recibiéndose por etapas, están no obstante perfectamente coordinados, conformando finalmente una sola palabra y un único gesto inseparables e indistintos, análogos a los que fueron emitidos en el origen, que de esta manera se actualiza y se hace presente. De todo esto se desprende que la culminación en una vía como la que propone la iniciación masónica no es otra que la total identificación con el “gesto” creador del Gran Arquitecto, un “gesto” que no es otra cosa que la acción de su Inteligencia, concebida también como un Verbo “iluminador”. 

Esa identificación solo se hace efectiva con la llegada a la maestría, o lo que es lo mismo cuando la individualidad humana se universalice al quedar absorbida en la unidad de su Principio divino, del cual sólo se separó ilusoriamente. Lo que decimos guarda estrecha relación con la “búsqueda de la Palabra perdida”, que es el verdadero Nombre del Gran Arquitecto, y que el ser humano ha de recomponer “reuniendo lo disperso” de su ser, pues al fin y al cabo ese Nombre no es sino su esencia inmutable e imperecedera.

Por otro lado, debe quedar bien claro que aquí hablamos del Maestro interno, simbólicamente representado en la Masonería por el Maestro Hiram, pues una cosa es ostentar el grado de maestro (conferido muchas veces por puras necesidades prácticas de la Logia) y otra muy distinta la realización efectiva de lo que ese grado representa: la verdadera reintegración en el “estado primordial”.



Recepción en la "Cámara del Medio". Siglo XVIII

Como señalamos en la Nota anterior, el despertar a la realidad del Conocimiento es simultáneo a la apertura de los diversos centros sutiles (o chakras) localizados simbólicamente a lo largo de la columna vertebral. Cada centro es receptor de una determinada energía cósmica vivenciada en el hombre como un estado de su conciencia, y ello en virtud de las leyes de correspondencias y analogías entre el macrocosmos y el microcosmos, pues constituyen el fundamento mismo de la Ciencia Simbólica, o Ciencia Sagrada. Gracias a ellas podemos reconocer lo universal en lo individual, y lo individual en lo universal, comprendiendo que ambos no son sino una sola y misma realidad en esencia, tal como reza la Tabla de Esmeralda hermética: “lo de abajo es como lo de arriba, y lo de arriba como lo de abajo, para obrar el milagro de una cosa única”. 

Asimismo, el que dichos centros estén jerárquicamente dispuestos a lo largo de la columna vertebral (una imagen del Eje del Mundo), nos indica la idea de ascenso gradual y escalonado: desde aquel que está situado en la base misma de la columna¬-eje, y vinculado a las energías telúricas y terrestres, hasta el que se ubica en la sumidad de la bóveda craneana, por donde se produce el pasaje a los estados superiores, supra¬cósmicos y metafísicos. Si el hombre, al igual que el universo o el cosmos, es un athanor alquímico, el desarrollo espiritual, o construcción de la mansión interna, se va cumpliendo en la medida misma en que se produce la cocción, destilación, purificación y transmutación de las energías inferiores en las superiores. El número de estos centros, e incluso el orden de su disposición, varía en las diferentes tradiciones. 

En el caso de la Masonería dichos centros se ubican en puntos concretos señalados por signos gestuales realizados mediante una determinada posición de las manos, signos que son llamados de “reconocimiento” y de “penalización”, y cuya posición es distinta en cada uno de los tres grados. En el primer grado el signo se realiza a la altura de la garganta, en el segundo en la del corazón y en el tercero a la altura del ombligo ¬o entre las dos caderas¬, y finalmente, y dentro aún del grado de maestro, en la sumidad de la cabeza mediante un “gesto” significativo que supone un “paso de la Tierra al Cielo”, o de la “Escuadra al Compás”. A esto hay que añadir la vocalización de las "palabras de paso" y las "palabras sagradas" propias de cada grado, y que en sí mismas revelan un sentido simbólico directamente relacionado con la búsqueda de la “Palabra perdida”, es decir con las etapas vividas durante el proceso de la realización interior, inseparable del conocimiento de la Cosmogonía y sus misterios.


Cuadro de Logia de Aprendiz masón

Naturalmente, no podemos desarrollar aquí todo lo que sugiere esta rica simbólica, y tan sólo indicaremos que tanto los signos, como los toques y palabras simbólicas en la Masonería son semejantes a los mudras (gestos manuales) y los mantras (pronunciación de nombres, palabras y sílabas sagradas) pertenecientes a las vías de realización hindú y budista, lo que prueba la perfecta concordancia entre las diversas formas iniciáticas en lo que respecta a la constitución o arquitectura interna del ser humano, ejemplo claro de la universalidad y coherencia de la doctrina tradicional allí donde esta se manifieste.

En el discurso de la existencia la iniciación impone un centro, un eje alrededor del cual todo comenzará a ordenarse y a tener sentido, a ser significativo. Dicho centro está siempre presente en el corazón del hombre, y es, como el altar en el Templo, el punto de comunicación cielo¬-tierra; o para decirlo en términos taoístas, donde se ejerce “la atracción de la Voluntad del Cielo” en la individualidad humana. Establecer contacto con el radio que lleva a ese centro supone, en primer lugar provocar una ruptura de nivel o escisión en el tiempo ordinario, y escapar de la sucesión causa-efecto que es la ley kármica que “mueve” la rueda del samsara, del mundo de Maya.

Y si bien es muy difícil escapar totalmente a esa ley, en tanto que seres todavía sumidos a las condiciones y limitaciones de la existencia individual, sí se puede, en cambio, conciliar las acciones y reacciones que ellas provocan en la psiqué (a la que conforman), pues en el laberinto que urden en torno nuestro siempre se encuentra ese espacio vacío y virginal donde el jardín del alma florece y la regeneración es posible. Así pues, sólo a partir de esa primera “ruptura de nivel” puede decirse con toda propiedad que se inicia el camino del Conocimiento. Todo lo anterior ha sido un trabajo de preparación para llegar a esa “coyuntura” realmente favorable en nuestra vida.

Texto extraído del libro: Masonería. Símbolos y Ritos




El Taller: franciscoariza5@gmail.com

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