La Espada Flamígera y el Mallete





Ceremonia de iniciación. Grabado del siglo XIX

La Espada Flamígera es una de las herramientas que pertenecen al Venerable Maestro y solo él tiene la potestad de llevarla en Logia. Seguramente este símbolo es una de las herencias que la Masonería recibe de la tradición judeocristiana, pues como leemos en Génesis III, 24: 

Expulsó, pues, al hombre; y al Oriente del jardín del Edén puso querubines, y una espada llameante que giraba en todas direcciones, para guardar el camino del árbol de la vida.[1]

Fijémonos que se dice: “al Oriente del jardín del Edén”, y precisamente es en el Oriente de la Logia (separado del resto de la misma por tres gradas) donde está situado el Venerable Maestro, que efectivamente “guarda” el acceso al que sin duda es el “lugar” más sagrado de la Logia, análogo al Debir en el Templo de Salomón, en cuyo interior dos querubines “protegían” también el Arca de la Alianza. En el Oriente se encuentra el Delta Luminoso, el símbolo del Gran Arquitecto del Universo.

Lo que interesa destacar en primer lugar es que estamos ante una espada cuyo fuego es de esencia espiritual, o sea de un fuego “que no quema” en el sentido alquímico del término; de un fuego purificador y creador, en definitiva. En este sentido esa forma ondulante de la espada flamígera evoca la del rayo, o el relámpago, que es una luz que desciende sobre la tierra, fecundándola con su poderosa energía, al mismo tiempo que la une con el cielo. Pero el rayo siempre va acompañado del trueno, representado precisamente por el mazo o mallete del Venerable. Este, en consecuencia, está en posesión de dos herramientas ligadas con una luz y un sonido procedentes del cielo, y esto hace de ambas sendos vehículos simbólicos de transmisión de la influencia espiritual. 


Espada Flamígera


Tanto la espada flamígera como el mallete forman una “pareja”, aunque cada uno tenga su propio simbolismo como ocurre con otras “parejas” de herramientas masónicas, tales el mazo y el cincel, la plomada y el nivel o el compás y la escuadra. En su caso, y como decíamos, la espada flamígera y el mazo desempeñan un papel importante durante el rito de iniciación al primer grado, y más en concreto en el momento en que el recipiendario es “consagrado” por el Venerable, el cual ha de descender del Oriente para transmitirle la fórmula ritual.

Mallete de Venerable, o "Maestro de la Logia"

Nada es casual en el rito de iniciación, y ese “descenso” del Venerable portando la espada flamígera en su mano izquierda y el mallete en su mano derecha, ha de verse también como un “descenso” del rayo y del trueno sobre el plano de la Logia, que representa al mundo terrestre, como el Oriente representa al mundo celeste. En ese momento del ritual el Venerable es un intermediario entre ambos mundos: entre el cielo y la tierra. En cierto modo él vehicula al Gran Arquitecto en su función de "Dios Todopoderoso" (El Shaddaï), y en tanto que portador de los atributos simbólicos que confieren la influencia espiritual.

Por otro lado, la “consagración” deviene un verdadero rito caballeresco, ya que el Venerable dispone la espada flamígera sobre la cabeza, el hombro izquierdo y el hombre derecho del neófito (por este orden), golpeándola con el mallete tres veces mientras pronuncia la fórmula ritual. Se trata de una auténtica “investidura” que señala el momento culminante de la iniciación masónica.

Si antes mencionamos la acción fecundadora del rayo, aquí hemos de hacer una transposición de la misma en el orden iniciático, añadiendo que en este ámbito es el mallete (el trueno) el que conjuntamente con la espada flamígera (el rayo) “fecundan” al recipiendario iluminándolo interiormente, haciéndole pasar de forma gradual del “caos al orden”. Se establece así una analogía entre el proceso iniciático y el proceso cosmogónico, analogías, y correspondencias, que son una fuente constante de enseñanza para quien ha ingresado en "los misterios y privilegios de la Masonería".

Por otro lado, no hemos de olvidar que la espada flamígera y el mallete son símbolos axiales, y este último –el mallete- también está relacionado con el “fulgor” del rayo, como lo está el martillo del dios Thor (y otras armas semejantes, con las que se identifica), pero que aquí, debido a que conforma “pareja” con la espada flamígera, hemos querido resaltar sobre todo el aspecto que lo vincula más estrechamente con el trueno. [2] Lo mismo diríamos de la espada flamígera (o de la espada sin más), en el sentido de que no sólo es un símbolo de la luz o del rayo como aquí estamos exponiendo, sino igualmente del Verbo, y así consta en diversos pasajes de las Escrituras sagradas de cualquier tradición, e incluso en la iconografía, por ejemplo la cristiana, donde en ocasiones se representa a Cristo con una espada que sale de su boca, resaltando así el carácter axial y vivificador de su Palabra, y al mismo tiempo la ligazón de esta con la Verdad y la Justicia. [3]

Esa inseparabilidad entre el Verbo y la Luz, aparece claramente descrita en las palabras del Génesis: “Y Dios dijo: Hágase la Luz”. Pero, si nos fijamos bien, este versículo nos está indicando que es la Luz la que procede del Verbo (“Y Dios dijo…”), o sea que existe entre ellos una jerarquía. La Luz, y con ella la Vida, son consecuencias del Sonido primordial, que las contiene en sí mismo, pues es el principio de todas las cosas manifestadas, como el propio Juan revela al comienzo de su Evangelio: “En el principio era el Verbo…”.

El masón es denominado “hijo de la luz”, pero no hemos de olvidar que esa “luz” es una emanación de la potencia creadora del Verbo divino (simbolizado aquí por el trueno) [4] y es esa potencia la que, de modo secreto e íntimo, irá transformándolo interiormente.

 Si el Señor no construye la casa, en vano trabajan los que la edifican. (Salmos 127, 1).



[1] Este “girar en todas direcciones” de la espada llameante la convierte en realidad en una rueda, y no es difícil sacar la conclusión de que en realidad se trata del “fuego de rota”, expresión alquímica relacionada con la idea de la regeneración.

[2] En otro artículo abordaremos más específicamente el simbolismo del mallete, que también es una herramienta que portan el Primer y Segundo Vigilantes. Hemos de recordar asimismo que el mallete del Venerable es análogo al vajra hindo-tibetano, el cual está igualmente relacionado con el fulgor del rayo. Ver a este respecto la sección titulada “Algunas Armas Simbólicas” en Símbolos Fundamentales de la Ciencia Sagrada, de René Guénon.

[3] Ver "El Simbolismo de la Espada", Módulo II de Introducción a la Ciencia Sagrada. Programa Agartha, de Federico González y colaboradores.

[4] Por eso mismo le conviene también la expresión “hijo del trueno”, título con el que Cristo invistió a Juan Evangelista y a su hermano Santiago el Mayor.

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